HISTORIA

En 1204, Constantinopla fue conquistada por los ejércitos de la IV Cruzada, que la convirtieron en capital del Imperio Latino, y los pintores de iconos apenas consiguieron seguir con su auge, por cuya razón se ve en esta fecha 1204 el final de la época bizantina media.

En 1453, los turcos adeptos al Islam invadieron el Reino bizantino y la caída de ese Imperio, antaño tan potente, así como la de las obras maestras que en él vieron la luz, estaba ya sellada. Sin embargo, la pintura de los iconos sobrevivió a este suceso trascendental, puesto que Bizancio había propagado su influencia a grandes regiones de Oriente.

Por consiguiente, el hijo más importante del arte de bizantino era Rusia, pero en este país, lentamente, los artistas fueron hallando su camino propio. Especialmente respecto al colorido y a la manera de dibujar, aunque variando por respecto a los temas, los tipos de personaje, composiciones y demás.

Por su parte, fue Novogord el centro más importante de la iconografía rusa, ya desde el siglo XII, con rasgos artísticos propios, caracterizándose en efecto más que nada por el colorido claro, casi radiante. En realidad, el auge iconográfico se logró en Rusia con la llegada de Andrei Rublev y Teófanes el Griego.

La pintura de iconos rusos obtuvo un nuevo impulso durante los siglos XVII y XVIII gracias a las composiciones de la Escuela Stroganov. Son uno iconos en cuyo dorso se indica que fueron pintados por los miembros de la famosa familia de comerciantes Stroganov, más adelante cercanos la trono ruso.

La Revolución de 1917 arrinconó en Rusia el arte a los iconos. Esto fue así porque la fe y los credos ortodoxos no se armonizaban con la ideología comunista, para la que la religión era tan sólo, en palabras del Lenin, el “opio del pueblo”, y el arte decorativo sustituyó al de los iconos.